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La suerte del Justo

 

La Casa de Matriona es un relato en parte autobiográfico de Solzhenitzyn. Se sitúa cronológicamente en en 1856, justo después de  su salida de los diferentes campos de trabajos forzados o gulags donde estuvo preso durante ocho años, y de los tres años de exilio que sufrió hasta que comenzó el proceso de desestalinización en Rusia.

La historia comienza con la llegada de un profesor de colegio a un pueblo del interior de Rusia. Allí es acogido por Matriona, una viuda pobre y enferma que vive en una en una casa vieja y algo destartalada. A pesar de haber experimentado todo tipo de sufrimientos, Matriona encarna la figura del justo sin el cual ninguna ciudad puede subsistir. Olvidada de su persona, Matriona ha hecho de su vida un don de sí hasta el extremo de resultar incomprensible su actuación para cualquiera que pretenda juzgarla siguiendo criterios basados en la lógica del intercambio o en la justicia entendida en su sentido más estricto. He tenido la oportunidad de discutir sobre esta novela con estudiantes y no han faltado quienes han visto en la generosidad de Matriona un contra-ejemplo para la sociedad moderna, basada en la reivindicación de derechos para todo tipo de colectivos. Mi opinión es otra: Matriona encarga una lógica que por no ser de este mundo solo puede ser comprendida desde una óptica ultramundana. El vaciamiento completo de uno mismo, la renuncia absoluta, el perderse del Evangelio para encontrarse a sí mismo, o la muerte del grano de trigo, es la fuente que fecunda la vida y la hace posible. Es el triunfo del don frente al intercambio, del amor que supera la justicia.

Pero el relato de Solzhenitzyn puede ser leído también como una crítica profunda de los efectos del régimen soviético sobre la vida cotidiana de la población. La destrucción del medio-ambiente provocada por las políticas económicas del régimen reflejan la corrupción moral de una sociedad que ha perdido sus raíces y navega a la deriva. Desde esta perspectiva, Matriona puede también ser vista como la encarnación de la Rusia vieja y perenne. Y sus vecinos, el producto de una civilización tecnocrática basada en la mentira.

Caben otras lecturas posibles, pero estas dos son las que me han sugerido la lectura de este relato desconocido y muy recomendable de un grandísimo escritor y pensador, premio Nobel, más conocido por su monumental Archipiélago Gulag.