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Autorretrato con radiador

sA_bobinAutorretratoRadiadorNo recuerdo cómo llegué a este libro. Posiblemente algún amigo me lo recomendó. Es una auténtica joya. Al menos a mí me lo ha parecido. Escrito a modo de diario (quizá lo sea realmente), recoge las reflexiones del escritor durante un año. El hilo conductor es el luto interior por el fallecimiento de su mujer, interlocutora imaginaria de sus confidencias. No hay argumento, ni trama. Sólo la belleza sorprendida en lo aparentemente banal, en lo ordinario; sobre todo en la naturaleza accesible al habitante de las ciudades, en este caso francesa: unas flores, una brizna de hierba, el cielo azul, algunas nubes, bandadas de pájaros, la luz solar…

A pesar de la nostalgia por la ausencia de su mujer, el diario respira esperanza y alegría de vivir; una alegría que se encuentra allí donde no se la busca; lejos del éxito y del aplauso, de la productividad y del triunfo social. El secreto de esta alegría radica en mirar la vida con la inocencia de quien la estrena, de un niño; en acogerla como un regalo, sin sentirse frustrado por carecer de aquello a lo que no se tiene derecho; en rechazar toda voluntad de dominio, de control; en descubrir el misterio escondido en todo lo que existe, en lo que es real (no pensado ni imaginado), en lo que nos es dado. Dice la Sagrada Escritura que hay que más alegría en dar que en recibir (para la referencia, consúltese Google), pero sin duda es más difícil recibir que dar; se necesita más humildad, más grandeza de ánimo para “ser regalado” que para regalar. Copio una entrada del diario de Bobin, del martes 23 de abril:

“Está claro: todo lo que tengo, me lo han dado. Todo lo que puedo tener de vivo, de sencillo, de tranquilo, lo he recibido. No caigo en la insensatez de creer que me lo debían, o que era digno de ello. No, no. Desde siempre todo me ha sido dado, a cada instante, por todos con quienes me encuentro. ¿Todo? Sí. ¿Desde siempre? Sí. ¿A cada instante? Sí. ¿Por todos con quienes me encuentro, sin excepción? Sí. Entonces ¿por qué a veces, una sombra, una pesadumbre, una melancolía? Y es porque a veces me falta el don de recibir. Es un don verdadero, un don absoluto. A veces pretendo seleccionar, elegir, me digo que la hierba está más verde al otro lado del puente, tonterías como esa que no son importantes pues siguen dándome todo, sin parar, a cambio de nada”.

No es posible hacer una reseña de este libro. Es como un cuadro. No se puede describir. Solo contemplar. Si se cuenta, se destruye. Antes he dicho que  es una joya. Más propio sería compararlo con un collar de perlas. Os dejo con tres seleccionadas al azar:

Martes 30 de abril

“La vida, la encuentro en lo que me interrumpe, me corta, me hiere, me contradice. La vida, es la que habla cuando se le ha prohibido hablar, echando por tierra previsiones y pensamientos, liberándonos de la sombría costumbre de uno consigo mismo”.

Domingo 16 de junio

“Lo que se llama el ‘encanto’ de una persona, es la libertad que ejerce respecto a sí misma, algo que, en su vida, es más libre que su vida”.

PD: la relación del título con el libro lo explica el autor en una de las entradas del diario, pero no estaría bien revelarlo antes de tiempo…

La mirada interior de Etty Hillesum III (y último)

 

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Esta es la última entrada que dedico a Etty Hillesum. Su Diario da para mucho más pero solo pretendo ofrecer algunos fragmentos que ayuden a percibir la calidad humana de esta joven holandesa.

Conforme avanzan los meses, Etty va aprendiendo a vivir más dentro de sí y, al mismo tiempo, menos preocupada por sí misma. A la vez, las referencias a Dios aumentan. No quiere que la desesperación se apodere de su alma. Si por un lado su capacidad de percibir las necesidades de los demás y hacer propio el sufrimiento de sus compatriotas aumenta; por otro, su fortaleza y estabilidad interior crece sin que sepa muy bien explicar de donde procede tanta energía. El 12 de julio de 1942 recoge en su Diario la “oración del domingo por la mañana”:

Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite una cierta práctica. Cada día es en sí mismo suficiente”.

Vivir en el presente, sin amargarse la existencia adivinando un futuro a todas luces aterrador; vivir dentro de ella misma, sin dejarse robar la paz por todo lo que ocurre a su alrededor. Aceptar los sufrimientos reales, del ahora, sin acrecentarlos con sufrimientos imaginarios del mañana. Superar el miedo a sufrir, dominando la imaginación. Invertir en la belleza interior, en lugar de preocuparse tanto por la agitación exterior. Son algunas de las máximas que Etty se esfuerza por aplicar a su vida. . Y siente un deseo irrefrenable de comunicar a otros su secreto. La entrada del 29 de septiembre de 1942 es especialmente reveladora de la fuerza interior de esta joven judía:

29 de septiembre de 1942. Martes.

Si uno pudiera enseñarle a la gente que puede “trabajárselo”, que puede conquistar la paz interior; seguir viviendo de forma productiva, llena de confianza interior; y superar todos los temores y rumores. Enseñarle a arrodillarse en los rincones más recónditos y tranquilos de su interior y a mantenerse arrodillado hasta que tenga otra vez un cielo despejado sobre sí mismo, y que no haya nada más que eso”.

Vivir en el presente, que es vivir en la realidad más real, implica también la aceptación paciente de los propios errores, la asunción del propio pasado. No se puede convivir con los demás si no se es capaz de convivir con uno mismo. Etty no es una mujer autocomplaciente, pero ha comprendido la necesidad de aprender a perdonarse a sí misma, a quererse tal como es y no tal como le gustaría ser. Y lo ha conseguido. El 12 julio de 1942 había escrito:

 

Hay que vivir consigo mismo como si se viviera con un pueblo entero de gente. Y uno aprende entonces, por sí mismo, todas las buenas y malas cualidades de la humanidad. Primero hay que perdonarse a sí mismo las malas cualidades si quiere perdonar a los otros. Esto tal vez sea lo más difícil que tiene que aprender una persona. Lo constato a menudo en otras personas (antes también en mí misma, ahora no): perdonarse a sí mismo las faltas y los errores. Para ello, antes que nada hay que saber aceptar, aceptar generosamente, que uno comete faltas y errores”.

Etty es consciente de que todavía tiene mucho que avanzar, pero su convencimiento interior le da fuerzas para no abandonar la lucha consigo misma. Las circunstancias exteriores son cada vez más duras y para un alma sensible como la de Etty sobreponerse al dolor exige mucha valentía. El 29 de septiembre escribe:

Ayer noche viví otra vez en propia carne lo que tiene que sufrir la gente hoy en día; siempre está bien revivirlo y saber cómo luchar contra ello. Y luego caminar otra vez tranquilamente por los paisajes amplios y libres de tu propio corazón. Pero todavía no he llegado hasta ahí.”

El peligro no está fuera, sino dentro de ella. Los nazis pueden arrebatarle la libertad de movimientos, tratar de humillarla, pero solo ella puede degradarse a sí misma. De las víctimas depende entregar la libertad interior, la paz del alma, la verdadera vida, a los verdugos:

Es como si viera cada vez más claro en qué abismos están desapareciendo las fuerzas creadoras y las ganas de vivir de la gente. Son agujeros que se tragan todo, agujeros que están en la propia alma. Cada día tiene bastante con su propia maldad. Cuando más sufre el ser humano es con el sufrimiento que teme. Y la materia, siempre es la materia la que atrae al alma, en lugar de ser al revés. ‘Vives demasiado fuera del alma”.

Etty se ha hecho fuerte ante la adversidad. Su fortaleza es a la vez un don de Dios, y una conquista de la libertad; una fortaleza que le permite diferenciar el dolor real del imaginado. El primero puede ser fructífero; el segundo es destructivo. Etty se mueve en el plano de la realidad, no de los sueños. Sus palabras en boca de otro podrían producir asco, repugnancia; pero Etty tiene autoridad para afirmar que el sufrimiento “puede convertir la vida en algo valioso”. Pudiendo haber salvado su vida de la muerte (o, haberlo intentado, al menos), gracias a sus contactos en el Consejo Judío holandés, donde trabajó varios meses, se trasladó voluntariamente a vivir al Campo de concentración de Westerbork para seguir la suerte de su familia y de su pueblo. Su testimonio tiene el valor de la coherencia hasta la muerte.

Escribe ese mismo día 29 de septiembre de 1942:

Todas mis fuerzas creadoras están intactas –te agradezco, Dios mío, que me hayas dado tantas. Siempre consigo apartarlas de las garras de las preocupaciones diarias y de los temores. Cada vez logro hacerlas más independientes las necesidades materiales de ideas como hambre, frío y peligro. Al fin y al cabo se trata siempre de la misma idea, no de la realidad. La realidad es algo del que tiene que encargarse uno mismo. Hay que encargarse de todo el sufrimiento y de todas las dificultades que lo acompañan y soportarlo. Durante ese proceso crece la fuerza para soportar más todavía. Pero la idea del sufrimiento (que no es verdadero sufrimiento, ya que el sufrimiento en sí es fructífero y puede convertir la vida en algo valioso), ésa hay que abandonarla. Si se abandonan esas ideas, en las que la vida está presa como entre rejas, entonces se libera la verdadera vida y las fuerzas interiores, y entonces se tienen fuerzas para soportar el verdadero sufrimiento de la propia vida y de la humanidad”.

 

La última entrada de su Diario testifica la fidelidad de esta gran mujer a la luz que en 1941 comenzó a iluminar su alma. En apenas un año, su panorama interior y su actividad exterior han dado un vuelco. Ella no sabe entonces que su testimonio seguirá alimentando los anhelos de libertad y felicidad de mucha gente a lo largo de los siglos:

Martes, 13 de octubre de 1942, antes de ser deportada desde el Campo de “tránsito” de Westerbork (Holanda) a Auschwitz.

Una quisiera ser un bálsamo derramado en tantas heridas”.

 

La mirada interior de Etty Hillesum II

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Recordar a Etty Hillesum en vísperas de la Navidad puede parecer inapropiado. Algunos de los fragmentos de su Diario fueron escritos desde un campo de concentración en Holanda. No parece que pegue mucho con el ambiente propio de las fiestas navideñas. Y sin embargo nada más afín a la Navidad que la experiencia que vivió Etty en sus últimos meses de vida. El problema quizá es que hemos hecho de la Navidad unas fiestas dulzonas y amerengadas.

En la Liturgia de estos días prenavideños son continuas las referencias a la liberación que traerá el vástago de David. ¡Alzad los dinteles, se acerca vuestra liberación! dice un Salmo que escuché ayer en Misa. Así era esperado el Mesías de Israel, como un liberador, aunque muchos lo interpretasen en términos socio-políticos. Pero el guión de esta Historia iba por otros derroteros, más profundos y también más reales. La liberación no iba a ser política. Pero la Navidad trae consigo un mensaje auténtico de Libertad, de una liberación radical: la liberación del corazón del hombre; la liberación del pecado y con él de la muerte definitiva.

Por eso la Navidad solo se puede vivir realmente por dentro, aunque tampoco esté mal que se manifieste al exterior. No somos espíritus puros.

En su Diario, Etty muestra esa rica interioridad que va adquiriendo y que le permite enfocar la vida de otra manera. Mejor habría que decir que le permite vivir de verdad la vida, adquirir la libertad de dar sentido a las circunstancias exteriores y no al revés. Lo expresa muy bien Etty en la entrada del 27 de febrero de 1942, viernes (los subrayados son míos):

La gente forja su propio destino sobre su interior. Escribí esto el miércoles por la mañana muy temprano. Me sentía después un poco intranquila por esta temeraria afirmación y busqué algunas pruebas. De pronto me pareció todo tan claro como el agua. Por supuesto que todo el mundo crea desde su interior su propio destino. (…)”

Y se refiere a continuación a una experiencia que no debió de ser nada agradable, pero que le confirmó en lo que acababa de escribir:

“El miércoles por la mañana muy temprano estuvimos con un grupo grande en una estancia de la Gestapo y las circunstancias eran en ese momento para todos iguales: todo estábamos en el mismo espacio, tanto los hombres en el estrado, como los interrogados. Pero la vida de cada uno se determinaba por la manera de enfrentarse a ella interiormente”.

Unas semanas más tarde vuelve sobre el mismo tema. Lo decisivo no es lo que nos acontece, sino el modo en qué vivimos lo que nos acontece. Lo primero no depende muchas veces de nosotros. Lo segundo sí, al menos en parte. Esta es la tarea que Etty se ha propuesto. Liberar su interior de los condicionamientos externos: no dejarse aplastar por la miseria moral y material que la rodea. No está segura de poder conseguirlo, pero ahora sabe dónde radica el verdadero secreto de su existencia.

12 de marzo, 1942. Jueves por la noche, 11.30 horas

Si vives en tu interior, la diferencia entre dentro y fuera de los muros de un campo de trabajo tal vez no sea tan grande. ¿Podré justificar más adelante estas palabras ante mí? ¿Podré vivir de esta manera? No podemos hacernos demasiadas ilusiones. La vida será muy dura. Nos separarán de nuevo a todos los que nos apreciamos. Creo que ese momento ni siquiera está lejos. Hay que prepararse interiormente cada vez más para ello”.

Y encontrará las energías que necesita en la oración. Escribe varios meses después:

Sábado por la mañana (3 de octubre, 1942), 6.30 horas, en el cuarto de baño.

“Empiezo a sufrir de insomnio, esto no puede ser. Me he levantado muy temprano de la cama y me he arrodillado ante la ventana. El árbol estaba ahí, mudo en la mañana gris y quieta. Y he rezado: Dios, dame la tranquilidad grande y poderosa para mi interior que tú tienes en tu naturaleza. Si quieres hacerme sufrir, dame entonces el profundo sufrimiento que lo abarca todo, pero ahórrame las mil preocupaciones lacerantes que merman a una persona hasta dejarla en nada. Dame tranquilidad y confianza. Permite que cada día contenga algo más que sólo las mil preocupaciones cotidianas. Todas las preocupaciones que tenemos por la comida, la ropa, el frío, nuestra salud ¿no son señales de desconfianza hacia ti, Dios mío, por las que se nos castiga inmediatamente con insomnio y con una vida que en realidad ya no es vida?”
Su preparación interior daría sus frutos durante esos meses. Multiplicará sus esfuerzos para paliar el sufrimiento de los “moradores” del campo de concentración de Westerbork. Su mirada interior le permitió superar la parálisis y desesperación que cundía a su alrededor, como dejó reflejado en su diario. Una buena enseñanza para estos tiempos de Navidad.

La mirada interior de Etty Hillesum I

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Etty Hillesum nació en Holanda (Middelburg) en 1914. Su padre, Louis Hillesum, era doctor en Lenguas Clásicas, y su madre, Rebeca Bernstein, procedía de una familia rusa afincada en Amsterdam. Como muchos jóvenes de su edad, Etty fue a la Universidad donde estudió Derecho e hizo cursos de lenguas eslavas y psicología. El estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligaría a interrumpir sus estudios. Cuando comenzó su diario, en 1941, Etty había tenido varias relaciones sentimentales, y una vida sexual agitada, y se sentía vacía. En ese momento convivía de manera estable con Hans Wegerif, treinta y cinco mayor que ella. Psicológicamente frágil y extraordinariamente sensible, Etty sufre la fragmentación de una vida que se le presenta sin sentido alguno. Conoce entonces a  a Julius Spier, psicoterapeuta alemán discípulo de Jung. Con su ayuda, Etty recorrerá un proceso de transformación interior que le llevará a encontrar a Dios en medio de la desesperación creciente de una Holanda ocupada por los nazis. Y con Dios descubre un mundo nuevo y la necesidad de cuidar de su familia y de su pueblo. Conforme la situación empeora en su exterior, y la persecución a los judíos aumenta, la luz va penetrando en el corazón de Etty. El diario que escribió expresa con singular fuerza su proceso de liberación interior. La libertad adquirida poco a poco, como un regalo, pero no sin esfuerzo, llena de sentido su vida. Etty no solo comienza a comprenderse a sí misma, a encajar las piezas de su puzzle interior hasta formar un cuadro maravilloso. Además, entiende que los demás son parte integrante del lienzo de su vida y se empeña con todas sus fuerzas por darle el colorido apropiado.

Hace algunos años la editorial Anthropos publicó en castellano algunos fragmentos del diario que escribió entre 1941 y 1943 [Etty Hillesum. Una vida conmocionada. Diario 1941-1943, Barcelona, 2007]. A través de sus páginas es posible asomarse a la intimidad de esta extraordinaria mujer. Ofrezco aquí algunos párrafos que dan idea de la profundidad y riqueza de la experiencia interior de esta joven hebrea que terminó sus días, junto con sus padres y su hermano pequeño, en el campo de concentración de Auschwitz. La última frase que escribió en su diario, justo antes de su deportación, resume con extraordinaria belleza este proceso de liberación interior. Está fechada el martes, 13 de octubre de 1942, en el Campo de “tránsito” de Westerbork (Holanda) a Austwichtz: “Una quisiera ser un bálsamo derramado en tantas heridas”.

Fragmentos seleccionados e hilvanados del Diario a su vez fragmentado de Etty Hillesum

Sábado, 15 de marzo de 1941, “Si una flor me parece hermosa, lo que más me gustaría hacer es apretarla contra mi pecho o comérmela. Si se trata de algo de mayor tamaño resulta más difícil, pero el sentimiento es el mismo. Antes era demasiado sensual, casi diría que estaba demasiado centrada en un “querer-tener”. Anhelaba físicamente lo que me parecía hermoso, lo quería poseer. Por eso siempre tenía ese sentimiento de deseo que nunca pude satisfacer, la nostalgia de algo que me parecía inalcanzable, y a eso lo llamé entonces afán creativo (…). De repente todo eso ha cambiado, no sé por qué tipo de proceso interior, pero ha cambiado”. Esa mañana, pensando en el paseo realizado dos noches antes por el club de patinaje se da cuenta de que algo en su interior ha cambiado. Ya no quiere dominar nada, ni poseer. Ahora ve la realidad de un modo distinto. Describe así su paseo: “caminaba en la penumbra. Había suaves tonos de color en el aire. Siluetas misteriosas de casas, de árboles vivientes con sus ramas transparentes. Fue, en una palabra, delicioso”.

Esta experiencia la había tenido ya en “el pasado”. La emoción interior que sentía ante tanta belleza bloqueaba cualquier tipo de reacción: “Por entonces aquello me parecía tan hermoso que hasta me dolía el corazón. Sufría por la belleza y no sabía que hacer”. No lograba hacer realidad la necesidad de transformar la belleza en poesía, en escritura. De manera más bien repentina, esta angustia interior ha dado paso ahora a una sensación profunda de libertad, sin que Etty sepa explicar el motivo de semejante transformación. “Pero aquella noche, hace poco, reaccioné de forma diferente. Experimenté con alegría cómo el mundo creado por Dios, a pesar de todo, es hermoso. Es cierto que disfruté intensamente del paisaje misterioso y silencioso en la penumbra, pero fue de una forma más objetiva. Ya no lo quería “poseer”.” El cambo se había producido. El tipo de amor que Etty ahora experimenta hacia el mundo y también hacia las personas, especialmente hacia Julius Spier, su psiquiatra, ha sufrido una mutación radical. Lo percibe con claridad cuando piensa en el nuevo sentido que la escritura ha adquirido para ella. Escribir –apunta- “es otra forma de poseer”. En esto radicaba su “anhelo de escribir: alejarme reptando de todo el mundo con los tesoros que había recogido, anotarlo todo, retenerlo para mí y de esta manera disfrutarlo. Y esa codicia, así es como me lo explico mejor, ha desaparecido de repente. Mil firmes ataduras se han roto, respiro liberada, me siento fuerte y miro con ojos brillantes a mi alrededor. Y ahora que no quiero poseer nada y que estoy libre es cuando lo poseo todo, ya que mi riqueza interior es infinita”.

Miércoles por la mañana, 19 de marzo de 1941, 12 horas: El cambio interior experimentado le lleva también a la música. Hasta entonces sus intereses se habían centrado en actividades, como la literatura o el teatro, en las que –escribe- “puedo participar pensando yo misma”. Sin embargo, ahora es capaz de acoger la belleza venga de dónde venga. Así es en la música. La pura actividad, el activismo, va dejando espacio a la contemplación, a la acogida del don, de la belleza. Esto representa la música: “soy nuevamente capaz de entregarme a algo y de desconectar de mí misma. Anhelo sobre todo a los clásicos claros y serenos y no el desgarro de los modernos”.

Su renovación interior se refleja también en sus anhelos de amor. Su vida anterior, sentimentalmente fragmentada, busca también una fuerza que le dé unión, aunque la lucha se le presenta difícil. Esa misma noche escribe en su diario: “Dios, protégeme y dame fuerza, que la lucha será dura (…). No quiero mantener una relación con él [Julius Spier]. (…). Ahora que me están recomponiendo siento que en realidad soy una persona muy seria que no comprende la diversión en el campo del amor. Lo que quiero es un solo hombre para toda la vida y construir algo juntos. Todas esas aventuras y amoríos me han hecho en el fondo infeliz y me han desgarrado por dentro. Sin embargo, la fuerza para resistirme nunca fue consciente ni suficiente; la curiosidad siempre fue mayor. Pero ahora que las fuerzas se han concentrado en mí, empiezan a lucha contra mis anhelos de aventura y contra mi curiosidad erótica hacia muchos”.

Por la noche de ese mismo día escribe:

Martes, 25 de marzo de 1941, 9 horas de la noche. Tras enterarse del suicidio del profesor Willmen Bonger, Criminólogo y Sociólogo, con quien había estado la víspera escribe: “Un mundo se está cayendo a pedazos. Pero el mundo seguirá adelante y yo lo acompañaré por ahora, llena de valor y de buenas intenciones. Nos han robado algo, pero ahora me siento tan rica interiormente, que todavía no me he dado cuenta por completo de ese robo. Aún así hay que mantener el contacto estrecho con el mundo real de hoy día y tratar de encontrar un sitio en él. No se puede vivir sólo con los valores de siempre, ya que podría desembocar en la política del avestruz. Aprovechar la vida, por fuera y por dentro, no querer sacrificar nada de la realidad exterior a favor de la interior y tampoco al revés: veo una hermosa tarea en ello”.

8 de junio de 1941, domingo por la mañana, 9.30 horas. “Creo que debo hacerlo: por la mañana, antes de empezar a trabajar, “meterme en mi interior”, escuchar lo que hay dentro de mí. Sumergirme dentro de mí misma (sich versenken)”. No se atreve a llamarlo meditación porque ese nombre le da horror, pero acepta que eso es lo que necesita. No sólo hacer ejercicio con el cuerpo; también con el alma. Sin embargo, ve que lograr esa “hora tranquila” para ambos ejercicios no es sencillo. Tiene que aprender a hacerlo: “Todo el caos pequeño-burgués, todo lo superfluo tendría que borrarse desde dentro”. Percibe en su interior demasiada intranquilidad sin motivo alguno. No se trata, sin embargo, de una mera introspección. Más bien consiste en abrir la posibilidad de acoger a Dios dentro de sí misma. “Que crezca algo de Dios dentro de uno mismo, tal como hay algo de Dios en la Novena Sinfonía de Beethoven. Que también surja algo de amor por dentro, no un amor de lujo de una media hora en el que sumirse con orgullo gracias a un par de sentimientos sublimes, sino un amor con el que poder influir en las pequeñas acciones cotidianas”. Se plantea incluso leer cada mañana la Biblia, pero no se siente todavía preparada para ello: su paz interior no es todavía suficiente. “Intento entender el significado del Libro con el cerebro, por lo que no se llega a la profundización”.

Etty ha aprendido que para acceder a la verdadera sabiduría; aquella que permite descubrir las verdades fundantes de la vida, se precisa también el corazón. A ella no le falta, pero todavía no se siente preparada. Y de pronto, un requiebro en su diario no exento de sentido del humor, y también de profundidad: “Me gustaría también que no te miraras tanto al espejo, boba. Tiene que ser terrible ser muy guapa: no abordar tu interioridad por estar demasiado absorta en la propia belleza deslumbrante. Los demás reaccionan en ese caso sólo ante la belleza, y tal vez por dentro se quede una seca”. A pesar de eso no puede resistir la tentación de contemplarse en el espejo, especialmente cuando debido a la iluminación del cuarto de baño se ve guapa. Entonces gesticula, pone la cabeza en diferentes posturas y se imagina “sentada en la mesa de una sala con la cara dirigida al público y que todo el mundo me mira y le parezco guapa”. Después se siente decepcionada consigo misma o más bien se enfada: “Me irrita sobremanera mirarme constantemente a mí misma”. (…) “Es verdad que siempre afirmo querer olvidarme de mí misma, pero mientras esté tan llena de vanidad y fantasías, aún me queda mucho para poder olvidarme de mí misma”. La vida de Etty tal y como se refleja en su Diario, da cuenta de la mezcla de gracia y esfuerzo que confluyen en la formación de una personalidad equilibrada. En pocos meses, Etty verá transformado su mundo interior, cuando todo alrededor se derrumba.